BIO

Lo que me trajo a la Medicina, como a muchos otros, fue el interés por el cuidado del otro. A lo largo de la carrera, eché en falta la dimensión humanista de nuestra profesión y me reconocí  más afín a la psiquiatría que a cualquier otra especialidad (salvo por la atención en cuidados paliativos y el sufrimiento existencial en el proceso de enfermedad y muerte). De la psicoterapia, me atrae la curiosidad por las historias, la capacidad creativa y creadora del ser humano y la necesidad de cualquier médico de atender al sufrimiento emocional y espiritual. Es verdad que al ser hija, sobrina y nieta de médicos tenía información (y cierto condicionamiento) para saber lo que implicaba la medicina y en particular la psiquiatría.

A lo largo de mi formación y desarrollo profesional como psiquiatra y psicoterapeuta he tenido la oportunidad de trabajar con profesionales estupendos y aprender de ellos una forma holística de aproximarse a la persona. También he acompañado, ayudado y atendido a personas que en su sufrimiento y sus síntomas han sido capaces de re-crearse. Ha sido un camino de enriquecimiento. Sin embargo, en los últimos años me he descubierto formando parte de un engranaje institucional que, pese a los intentos individuales y colectivos, tiende a alienar al individuo en base al concepto de enfermedad, diagnósticos, psicofármacos y búsqueda del individuo productivo más que el individuo pleno. En parte, me he visto como un instrumento del que se pretende que resuelva un sufrimiento que tiene mucho más de “enfermedad” social que enfermedad individual.

Me interesa, en este momento, colaborar en proyectos que se centren en una atención de calidad, integradora y constructiva para mí y quienes me rodeen, compañeros y clientes. Creo en las sinergias.